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“Dijeron que si Israel no fuera una democracia, estaríamos muertos”

El 20 de octubre, los 30 activistas de la III Flotilla de la Libertad fueron asaltados en aguas internacionales, detenidos y amenazados por Israel. La comunidad internacional no ha condenado esta acción ilegal.

Laura Arau es una de las 30 personas que intentaron el 20 de octubre, a bordo del barco Estelle, llegar a las costas de Gaza y romper así el bloqueo ilegal que sufre su pueblo impuesto por Israel. Éste era el tercer año que se embarcaba en la flotilla de la libertad. El barco fue abordado en aguas internacionales de nuevo. Esta vez no hubo víctimas, pero los tripulantes fueron detenidos con violencia y trasladados a prisión. Laura Arau estuvo casi dos días en un calabozo y fue interrogada en varias ocasiones bajo amenazas. Ni el Gobierno español ni la comunidad internacional han denunciado estos hechos.

DIAGONAL: ¿ Por qué te has vuelto a embarcar, por tercera vez, en un barco rumbo a Gaza?

LAURA ARAU: Porque es necesario denunciar a través de la acción civil que el Gobierno de Israel viola permanentemente los derechos humanos y los tratados internacionales. La primera flotilla en 2010, por la que se acaba de iniciar un juicio ahora en Turquía, país al que pertenecían los nueve activistas asesinados, fue una de las acciones conjuntas más importantes de los últimos 30 años. Aunque hay que recordar que antes se llevaron a cabo otras flotillas, como la de 2008, cuando 44 personas de 13 países rompieron el bloqueo naval a Gaza por primera vez en 41 años; y otros barcos de Free Gaza. En 2011, el Gernika fue bloqueado en Grecia. Este año la flotilla estaba compuesta por 30 personas de Suecia, Noruega, Francia, Grecia, Italia, Israel y el Estado español, y sabíamos que el escenario que nos íbamos a encontrar, casi con seguridad, era otro abordaje.

D.: ¿Cuál fue el trayecto del Estelle?

L.A.: El Estelle fue adquirido en Finlandia y reparado en Suecia, de donde partió hace tres meses. De allí fue a Noruega, Francia y al Estado español. Durante su trayecto recaló en varios puertos, entre ellos en San Sebastián, Bermeo, Santa Pola, Alicante y Barcelona. Tras otra parada en Francia, llegó a Nápoles el 6 de octubre, de donde partimos. Las reacciones en todas las ciudades a las que llegó el velero durante esos tres meses de viaje han sido muy positivas, tanto de los activistas de la solidaridad como de otras personas que no conocían la iniciativa y se han acercado a conocer el barco. En Barcelona, por ejemplo, la flotilla tuvo una gran repercusión social y la gente quería conocer qué estaba pasando en Gaza y el porqué del barco.

D.: ¿Cómo se produjo el abordaje del barco?

L.A.: El 20 de octubre por la mañana, tras 15 días navegando, a 50 millas de Gaza, empezamos a ver las lanchas de militares israelíes. A las 10:15h, se acercaron. Primero tomaron contacto por radio y nos dijeron que la Franja de Gaza está bloqueada y nos invitaron a entregarles el material para llevarlo por aire. Nosotros respondimos que íbamos dirección Gaza a encontrarnos con nuestros amigos. Se cortó la comunicación de los teléfonos por satélite y empezaron a saltar al barco militares encapuchados. Ese día sabíamos que podríamos ser abordados, nos guiábamos por las informaciones que se publicaron en medios israelíes y los movimientos de algunas embajadas con pasajeros a bordo del Estelle.

Un día antes preparamos la resistencia no violenta. Según la legislación marítima, cualquier barco que cree que puede ser asaltado, por ejemplo al ser objetivo de un acto de piratería, puede defenderse, pero nosotros teníamos claro que nuestra actitud sería de resistencia pasiva. Venían armados hasta los dientes: cañones de agua, altavoces que emiten unas frecuencias de sonido para desestabilizar, que se están usando en Palestina, y pistolas que provocan descargas eléctricas... Éstas fueron las armas que usaron contra nosotros, que estábamos distribuidos en grupos por el barco. Golpearon también a los europarlamentarios que viajaban en la flotilla. Al final consiguieron reducir a todos los grupos y entraron en la sala de maquinas, pero el barco no funcionaba porque le habíamos quitado varias piezas al motor. Por eso tardamos nueve horas en llegar al puerto de Ashdod.

D.: ¿El Gobierno de Israel asegura que no usó la violencia?

L.A.: Se usaron armas y los interrogatorios fueron con amenazas veladas e, incluso, a uno de los diputados griegos le pusieron una pistola en la cabeza para que dejase sus huellas.

D.: ¿Qué preguntas os hicieron durante los interrogatorios?

L.A.: Cuando llegamos al centro de internamiento, sobre las 12h de la noche, estuvieron siete horas haciéndonos interrogatorios, de forma intermitente. Nos llevaban a prisión y nos volvían a sacar para declarar. En mi caso, siempre me interrogaban hombres mayores, que me hicieron primero preguntas personales como: “¿Quién es tu pareja?” o “¿Tienes una relación amorosa con alguien del barco?”, etc. Después, otro tipo de preguntas, que eran más bien reflexiones, como: “Si Israel no fuera una democracia, ahora estaríais todos muertos”, o “¿Por qué no os vais a Siria?”, “Estáis atacando nuestro honor”. Yo, en todo momento, me acogí a una ley que existe allí llamada “ley del silencio”. Aún así me hicieron varios interrogatorios.

Lo más duro fue la violencia verbal y el ‘ambiente’. Me llevaban a una sala con poca luz, y en el último interrogatorio recuerdo que fue una escena como sacada de una película sobre una dictadura: al entrar había una bandera enorme de Israel en la pared de enfrente y justo delante un hombre malcarado, mayor, que me preguntaba una y otra vez lo mismo. Lo único que dije fue mi nombre y apellidos y la nacionalidad. Parece que se ensañaron porque sabían que yo había participado en otras flotillas. Además, me negué a firmar mi expulsión, porque el documento decía que habíamos entrado ilegalmente... Me llevaron a prisión de nuevo. Después firmé ese documento porque supe que el resto del grupo decidió firmar. Teníamos un acuerdo colectivo.

D.: ¿Qué balance hacéis desde Rumbo a Gaza de la acción?

L.A.: No hemos llegado a Gaza, pero lo importante es la solidaridad y llamar la atención al mundo de la situación de Palestina. Las flotillas son también acciones políticas, además justo cuando la UE acaba de firmar un acuerdo comercial preferente con Israel, en contra la legalidad internacional que impide comerciar con países que violan los derechos humanos, Netanyahu acaba de anunciar la construcción de 800 nuevas viviendas para colonos en territorio ocupado de Jesrusalén este y el Ejército israelí está intensificando el acoso a la población de Gaza.

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