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¿Quién busca la guerra en Siria?

Un plan concreto para solucionar el conflicto interno en Siria fue presentado el pasado domingo por el presidente Bashar Al Assad. El programa, que se divide en tres fases, es similar al impulsado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y dado a conocer por el entonces enviado especial del organismo, Kofi Annan, a principios del año pasado.


Al igual que la iniciativa de la ONU, el plan anunciado por el mandatario fue automáticamente rechazado por los grupos terroristas que operan en la nación árabe, así como Estados Unidos e Israel.

De esta forma, y una vez más, se confirma que el objetivo de las agrupaciones mercenarias y de Washington es instalar un nuevo gobierno a través de la fuerza, pese a las reformas que ha impulsado Al Assad, que fueron reclamadas por sectores opositores hace dos años atrás y aunque su gestión tenga el apoyo mayoritario de la población.

La negativa de diálogo por parte de los grupos irregulares que operan en Siria también demuestra que su capacidad de convocatoria popular sigue en retroceso y solo pueden apelar a los asesinatos de civiles y atentados, básicamente por el financiamiento y apoyo que reciben desde la Casa Blanca, sus aliados europeos, Turquía y las monarquías del Golfo Pérsico.

En agosto de 2012 se conoció que el presidente estadounidense, Barack Obama, había firmado una orden secreta que en la que autorizaba operaciones encubiertas de la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por su siglas en inglés) para apoyar a los grupos armados que operan en Siria. A esto se suma, que en ese momento el Departamento del Tesoro de Estados Unidos aprobó una licencia que permite asistencia financiera a las bandas irregulares por un total de 25 millones de dólares.

En junio de 2012 Gran Bretaña también envió a los mercenarios 2.32 millones de dólares, según lo anunció el canciller, William Hague, cifra que sumaba a la asignación de alrededor de 715.000 dólares para ayudar a la oposición siria que se encuentra en el extranjero.

El plan

El plan de solución política presentado por Al Assad se divide en tres fases. En la primera, el mandatario explicó que los países implicados deben terminar con el financiamiento y entrega de armas a los mercenarios. Eso facilitará el retorno de los pobladores y entonces el Ejército finalizaría con sus operaciones militares.

El mandatario aclaró que las Fuerzas Armadas "retienen su derecho a responder en caso de que la seguridad de la nación, de los ciudadanos, o las empresas públicas y privadas sean blanco de cualquier ataque".

También se deberá asegurar el control de las fronteras, tras lo cual el gobierno nacional comenzará "a realizar intensos contactos con todos los espectros de la sociedad", para "gestionar diálogos abiertos con el fin de celebrar una conferencia de diálogo nacional que incluya a todas las fuerzas dentro y fuera del país".

En la segunda fase, Al Assad señaló que se discutirá una "carta nacional" a través del diálogo nacional. Este texto, que tendrá como principios inamovibles la soberanía, la integridad territorial, el rechazo a la injerencia y al terrorismo, será sometido a referendo popular. Después de este paso, según lo manifestado por el mandatario, se formará "un gobierno ampliado donde estén representados los componentes de la sociedad siria". Seguido a esto, se votará por una nueva Constitución para luego convocar nuevas elecciones parlamentarias.

En la tercera fase el objetivo es articular un nuevo Ejecutivo "y celebrar una conferencia general de reconciliación nacional y la emisión de un indulto general", pero "manteniendo los derechos civiles de los querellantes", indicó el Jefe de Estado. A continuación, se trabajará en la rehabilitación de la infraestructura y la reconstrucción, además de indemnizar a los ciudadanos afectados por el conflicto interno.

Los señores de la guerra

Con la asunción de Obama a la presidencia de Estados Unidos en enero de 2009, la metodología militarista de Washington tuvo un cambio con respecto a la administración de George W. Bush.

Las invasiones militares unilaterales como las de Afganistán (2001) e Irak (2003) mutaron a guerras de agresión encabezadas por la Organización del Tratado del Atlántico Norte (Otán). El ejemplo más concreto fue en Libia, donde el gobierno fue derrocado y su líder, Muammar Al Gaddafi, asesinado sin juicio previo en octubre de 2011.

Como prólogo a este desenlace, Estados Unidos aplicó el mismo concepto que ahora impulsa en Siria: financiar y apoyar con armamento a grupos terroristas, dirigidos en muchos casos por comandantes de Al Qaeda, quienes se escudan en protestas populares con reclamos legítimos para comenzar sus actos violentos y masacres.

Conocida la propuesta de Al Assad, desde Washington, la portavoz del Departamento de Estado, Victoria Nuland, declaró que el plan presentado por el mandatario está "desconectado de la realidad", aunque recibió el apoyo de países como Irán, China y Rusia. Para Nuland, la propuesta "es otro intento del régimen para aferrarse al poder y no hace nada por el objetivo del pueblo sirio de lograr una transición política".

En su declaración, Nuland no se refirió ni a la negativa de los grupos terroristas a participar en un diálogo nacional ni a su accionar, denunciado en reiteradas oportunidades por Siria ante la ONU, y también repudiado por potencias como China y Rusia.

Tanto la Coalición Nacional de Fuerzas de la Revolución y la Oposición Sirias (CNFROS), como el ESL también se pronunciaron en contra del plan. Ambas organizaciones, que se disputan la dirección de la oposición armada, hasta el momento no han dado a conocer un programa preciso sobre sus políticas para el país. El discurso de ambos grupos se une al objetivo de derrocar a Al Assad, a lo que se suman las cuantiosas sumas de dinero que reciben de los gobiernos que los respaldan.

El vicepresidente de la CNFROS, George Sabra, descalificó la propuesta del presidente, y señaló que "ni siquiera merece ser llamada una iniciativa". Sabra redobló la postura y llamó al ESL a seguir "con su trabajo" hasta alcanzar la supuesta libertad que reclaman. La CNFROS está dirigida por el jeque Moaz Al Khatib, que según el periodista Thierry Meyssan, es miembro de los polémicos Hermanos Musulmanes (HM) y "cuadro" de la multinacional petrolera Shell.

Salim Idris, jefe del Estado Mayor del ESL, dejó en claro que no dialogarán con el Ejecutivo sirio y, pese a el sinfín de pruebas en su contra, indicó que su organización no es "un juguete en manos de países extranjeros".

El ingreso de mercenarios para integrar las filas del ESL se produce desde Turquía, Líbano e Irak. En estos dos últimos países, sus gobiernos han realizado decenas de operativos para detener tanto el ingreso ilegal de personas a Siria como el flujo de armamento hacia la nación árabe.

Idris expresó que el ESL busca "una Siria democrática que garantice las libertades de todos los ciudadanos", algo que se contrapone a lo que sucede en las escasas zonas que controla en la nación árabe, donde instauran, según denunció Meyssan, "una dictadura religiosa basada en el modelo saudita".

Mientras se escuchaban estos pronunciamientos contra el gobierno de Al Assad, miles de sirios salieron este lunes a las calles de varias ciudades para respaldar la propuesta del mandatario. En los grandes medios, esta demostración de fuerza del pueblo sirio fue silenciada.

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